La paridad de género es más que solo el miti-miti

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Finalizando el 2016 fuimos invitados a participar en el congreso Women In Business organizado por la Universidad de Harvard. Para ese entonces, Empréndete celebraba sus primeras 1000 escuchas mensuales y, así fuésemos novatos en el mundo del podcasting, nos sentíamos escuchados y empezamos a entender la responsabilidad que teníamos frente a una audiencia que hoy supera los 70.000 oyentes mensuales.

Las ganas de seguir aprendiendo y haciendo nos llevaron a proponer una serie de podcast que visibilizarla a las mujeres emprendedoras. Fue así como nació ‘Mujeres Al Micrófono’, nuestra forma más prematura de branded content, nuestro primer cubrimiento internacional que luego se transformaría en una serie (y una excusa) para entrevistar y aprender de mujeres inspiradoras.

Y son esas mismas ganas las que me inspiraron a escribir este artículo, que no habla sobre los éxitos y fracasos del camino que Empréndete ha recorrido, sino de la relevancia de seguir hablando de género. ¿Por qué? Bueno, simple: A pesar de los avances, seguimos en sesgo y con un camino por recorrer. Según el Foro Económico Mundial y Voa News, las mujeres representan casi la mitad de la población (49.5% según el Banco Mundial), pero aún están poco representadas en roles de liderazgo. El reporte Global Gender Gap del 2020 afirma que las mujeres no tendrán igual representaciones en parlamentos hasta el año 2065, y que no será sino hasta el 2124 que las mujeres constituirán la mitad de los líderes globales.

El mismo reporte muestra el porcentaje promedio de mujeres en las juntas directivas de las empresas por país. No existe país en el que este número sea superior al 50%, siendo Francia e Islandia los mayores con un 43%. Para la representación en las juntas directivas de compañías latinoamericanas, las mujeres tienen una representación inferior al 20%: Colombia tiene el 15% y México cuenta con solo el 7.5%

Y así pueden seguir las estadísticas que dibujan un panorama lleno de brechas por cerrar: Como que en los últimos 50 años, 85 países no han tenido una mujer como cabeza de Estado; o que, a nivel global, solo el 55% de las mujeres (entre 15 a 64 años) trabajan frente al 78% de los hombres; o incluso que aún haya 72 países en los que las mujeres tienen prohibido abrir una cuenta bancaria y, por ende, acceso a crédito. No existe país en el mundo en el que los hombres pasen la misma cantidad de tiempo trabajando sin pago en comparación a las mujeres; incluso hay países en los que la relación es de 2:1.

¿Por qué paridad de género?

Facebook y Unilever se están acercando hacia la paridad de género, y si bien este tipo de noticias generan ese ruido positivo en la comunidad industrial, es importante entender que tener la misma cantidad de mujeres como hombres es solo un pedazo de la torta que nos debemos comer entera.

Llegar a la equidad de género no es solo ‘lo que hay que hacer’, sino que también tiene repercusiones para el desarrollo económico de una sociedad. En primer lugar, está comprobado que aquellas empresas con mas mujeres en sus juntas directivas tuvieron un retorno de ventas (ROS, por su sigla en inglés) 16% mayor que aquellas con menor representación.

Esta argumentación por la paridad de género no se limita únicamente a hablar de números o mejor productividad, sino que también promueve un entorno de trabajo más sano y diverso: Una empresa que promueve la diversidad, es más eficiente en retener a las personas. Además, la diversidad es un efecto multiplicador de crecimiento e innovación, lo cual se traduce en mayor potencial económico.

¿Esto qué implica? Si las personas tiene igualdad de oportunidades y un sentido de pertenencia, estarán empoderadas a innovar aún más.

No es un tema que deba hacerse solo porque está bien, sino porque también es necesario entender que hay unas barreras que hemos normalizado. La primera vez que escuché el término ‘techo de cristal’ fue al ver la charla TED de Dame Stephanie Shirley y luego con en las conversaciones de ‘Mujeres al Micrófono’, me di cuenta que este techo de cristal recibe su nombre porque no se ve, pero está ahí.

Imaginarse un entorno con completa equidad de género permite aumentar la exposición de las personas a otras realidades; y, siendo más directo, permitiría que más hombres viéramos ese techo invisible debajo del cual nunca hemos estado. Y para lograr que la igualdad de oportunidades se iguale para hombres y mujeres, hace falta abrir camino. Este comienza con un cambio de mentalidad y una ruptura de paradigmas al interior de las organizaciones.

Generar consciencia

Por supuesto que el camino hacia la paridad e igualdad está lleno de retos. Sin embargo, lo importante para cualquier empresa o emprendimiento, sin importar el tamaño, está en la generación de consciencia y también un entrenamiento para identificar sesgos.

En mi caso, soy consciente que tengo una posición privilegiada al ser hombre, la cual también trae sesgos consigo que día a día sigo identificando. Así como también soy consciente que aún hay mucho que tengo que aprender.

Hay una cuestión de intención. Y todo empieza con generar consciencia sobre este tema: ¿Cuántas mujeres y cuántos hombres componen su junta directiva? ¿Tenemos este tema en mente a la hora de contratar?

Así las tecnologías exponenciales continúen avanzando a un ritmo acelerado, estas brechas permanecerán si quienes las programan no ven este techo de cristal. A modo de ejemplo están los resultados de un estudio realizado en el que una inteligencia artificial analizó entre 11.000 palabras de libros escritos entre 1900 y 2008 la correlación entre géneros y calificativos buscando un patrón: el diferente tratamiento entre mujeres y hombres en textos escritos. Los resultados son sorprendentes.

También soy consciente que este es un tema que no se puede resumir a unas mil pabaras, pero también siento que es necesario que abramos la conversación. Sin embargo, soy hombre y a lo mejor también he ignorado la existencia del techo de cristal. A ustedes que leen este artículo, ¿Qué les viene a la cabeza? Me encantaría escuchar sus experiencias.

Andrés Forero

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